Descubriendo secretos para la longevidad de seres humanos que piensan en la eternidad.

En el año 1965, Leonard Hayflick publicó su articulo titulado: “The limited in vitro lifetime of human diploid cell strains”, en la revista Experimental Cell Research. En dicho artículo, se exponen los resultados de una investigación enfocada a estimar el número de divisiones máximas que experimentan las células humanas, en condiciones controladas, hasta alcanzar su apoptosis o la muerte programada.

Hayflick encontró que las células cultivadas, se comportan en estado optimo hasta la división numero 50, pero para entonces, los errores acumulados tras varias generaciones desde la célula inicial, se ven reflejados en una calidad de vida menor y coincide con una mortandad elevada (Hayflick, 1965). Al efectuar un calculo de el tiempo medio de vida de una célula humana, y este numero máximo de divisiones, Hayflick establece una esperanza de vida mayor a 80 años, indicando una edad máxima de entre 120 a 130 años, para los seres humanos.


La condición biológica de envejecimiento ha sido evaluada por la humanidad como una enfermedad, sin embargo, este proceso ocurre de manera natural en todas las especies y a pesar de no ser una patología, coincide con una mayor frecuencia de enfermedades degenerativas, como el cáncer, demencia, afecciones cardiovasculares, entre otras. Este proceso esta estrechamente ligado con la genética de las especies, de manera que los errores genéticos son ralentizados gracias a unas “caperuzas” a cada extremo de las hebras de ADN, como se le conocen dentro de la genética: Telomeros. Los telomeros son porciones repetitivas de ADN, ubicados a cada extremo de los cromosomas:; estas cadenas, grandes o pequeñas, se dividen con cada nueva célula, y son solo producidas durante la etapa de gestación de los seres, haciendo de los telomeros, un pequeño contador regresivo, que marca la fecha de caducidad de los seres vivos.


La muerte es una condición inevitable, y sin embargo, el ser humano ha fantaseado durante muchos siglos con las ideas de eternidad e inmortalidad; durante ese mismo tiempo, los médicos han librado una batalla tenaz contra las enfermedades, formulando y describiendo tratamientos, curas, procedimientos y cirugías, con el fin de aumentar la esperanza de vida de sus pacientes. Sin embargo, el enfoque clínico de la mayor parte de enfermedades involucra una ignorancia de los mecanismos involucrados en la reacción a muchos medicamentos recetados, de manera que, a pesar de curar un mal mayor, ciertos medicamentos vienen con varias contraindicaciones y terminan degenerando el cuerpo con mayor celeridad.


Esta ignorancia en los procesos bioquímicos y genéticos del cuerpo humano, pueden estar favoreciendo la aceleración en el proceso de envejecimiento, en cuanto un medicamento ayuda a aliviar un síntoma o algún evento puntual en el organismo, pero de esa misma forma destruye las células en otros órganos vitales (hígado, pancreas, estomago, corazón, cerebro, etc…).

Algunos de los secretos para la longevidad ya han sido dilucidados, precisamente por nuestros viejos; y sin necesidad de demeritar los esfuerzos del personal médico por solventar gran parte de los males que aquejan a la población humana, es la sabiduría de estos mayores, la que nos persigue como recordatorio de lo inefable de la muerte y de la angustia latente del ser humano por conservar indemne su salud a pesar de los años.

Estos secretos para incrementar el número de años de vida, residen en su mayoría en los hábitos de la persona. Así, las personas que tienen un consumo calórico menor -30% – 40% de lo normal,  una predisposición genética favorable, un tamaño de telomeros mayor, o simplemente vidas mas tranquilas, donde se da prioridad al bienestar personal, y al de las relaciones interpersonales, lograrán una vida mas larga y plena.

Es entonces bastante preciso, el rey Salomón, cuando hace mas de 2900 años escribía: “Porque la sabiduría es una protección igual que el dinero es una protección. Pero esta es la ventaja del conocimiento: la sabiduría conserva la vida de su dueño”.

Por: Nicolas Vargas. Biólogo, botánico y ecólogo. Experto chichero y destilador, cultivador de epifitas, viverista de especies nativas, restaurador de ecosistemas y aprendiz de nutrición alternativa.


Referencias consultadas:
Hayflick L (1965) The limited in vitro lifetime of human cell strains. Experimental cell reseach. Vol 37. P. 614-636
Mínimo AM, Heron MP, Murphy SL, Kochankek KD (2007) Nacional Vital Statistics Reports
Perez V, Sierra F, (2009) Biología del envejecimiento. Revista médica de Chile ISSN 0034-9887. Vol 37. P. 296-302

2 comentarios

  1. Gracias por esa información tan valiosa y llena de observaciónes, siempre e dicho y pensado lo que nos lleva a la muerte ligera es el habito de ajetreo diario pero atra vez de esta información me edúca como conservar mi propia vida.

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