¿Cómo manejar ese gran desafío de planear cuando tanta circunstancias no previsibles nos destruyen nuestro plan?

Hay tres ideas sobre esto que pueden servir. La primera tiene que ver con la perfección, la segunda con los accidentes felices y la tercera con la flexibilidad.

La perfección no existe. Pienso que hay que buscar la excelencia. Cuando estamos demasiado enfocados en la perfección y las cosas no salen perfectas, hay un drenaje enorme de energía y mucho estrés. Frecuentemente esto catapulta en un círculo vicioso y las cosas empeoran.

Cuando por lo contrario reconocemos que todo aquello que ocurre diferente a lo presupuestado es un accidente feliz, todo cambia. En la Reserva Botánica Choachi por ejemplo, contratamos una retroexcavadora para hacer el parqueadero cuando estabamos construyendo el proyecto. El dueño de la retroexcavadora nos dijo que en 3 horas él podía hacer todo ese trabajo. Presupuestamos 3 horas de trabajo. Apareció una roca del tamaño de una camioneta grande y nos tocó meterle dinamita. Se nos fueron nueve horas de retroexcavadora, tres veces lo presupuestado.

Una forma de mantener la flexibilidad es cambiando las preguntas que se hace. Al cambiar las preguntas, cambian las respuestas. Al cambiar las respuestas, ampliamos el diálogo interno. Al ampliar el diálogo interno, expandimos conciencia.

Al ver esos trozos de roca, nos preguntamos para qué sirve esto. Hoy día tenemos un hermoso muro de roca a la entrada de la reserva.

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