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  • Champú de escobo

    Champú de escobo


    En las regiones rurales andinas de Colombia, alrededor de caminos y senderos crece una planta con propiedades cosméticas.

    Algunos la consideran maleza pues sus tallos y raíces son tenaces y resistentes, y no se dejan romper haciendo de esta, una planta difícil de arrancar y de erradicar.
    Los escobos, como son llamados comúnmente por las comunidades rurales del país, corresponden a especies vegetales de habito arbustivo de la familia Malvaceae, de los géneros Sida y Malvastrum en regiones andinas, y a algunas especies del género Malachra en regiones bajas de Colombia.


    De los tallos secos de estas especies se confeccionan cerdas para escobas artesanales, debido a que son bastante resistentes a quebrarse o agrietarse.
    Con el mucilago (sustancia gelatinosa) obtenido de la maceración de las hojas de los escobos, algunos campesinos colombianos fabrican un preparado gelatinoso que emplean para lavarse el cabello.


    Para preparar este Champú natural, basta con recolectar unas cuantas ramas con hojas de las plantas frescas. Con la cantidad de hojas maceradas suficiente como para llenar un recipiente hasta las tres cuartas partes de este; agregue agua potable y sin cloro a la maceración. Puede agregar en una relación del 2% del volumen original del macerado, hojas de romero, cristal de sábila, manzanilla u otra hierba aromática a la mezcla.

    En el Meta, suelen aplicar al preparado, algunas ramas u hojas de Cayeno (Hibiscus sp.), otra planta de esta misma familia. Para poder aplicar el preparado en el cabello, se debe dejar reposar por 2 o 3 días con el fin de obtener una gel concentrada.


    Sobre el cabello húmedo, puede aplicar la gel directamente o mezclarla con algún otro producto comercial, para el cuidado del cabello. El proceso de gelificación está generalmente condicionado por la cantidad de polisacáridos y ceras en los tejidos vegetales, con lo cual, el cabello obtiene elasticidad, resistencia y brillo.


    En la Reserva Botanica Choachí son bastante frecuentes los escobos alrededor de sus senderos, y usted podrá elaborar su propio champú y probar sus beneficios tomando un baño refrescante en la quebrada aledaña “El Uval”.

    Nicolas Vargas, Etnobotanico, Biólogo – Universidad Nacional de Colombia. Sonsonetero del habla, querendon de las maticas, cerrero como una cabra. Fabricante de champus de escobo, chicha, hongos comestibles, y viverista de Silent Hill, Choachi.

  • Contra Pedro Hernández

    Contra Pedro Hernández

    Dentro de los espesos bosques nublados de los Andes que contactan con la humanidad, un habitante desapercibido, quieto y expectante, espera a su victima, sin usar colmillos. 

    En una tarde planeada para ir a “echar monte” y después de la despedida habitual de los mas ancianos, brota una advertencia para los caminantes: “no se le olvide saludar al compadre Pedro, no vaya a ser que lo pique”. Adentrados en la montaña, y al cabo de unas cuantas horas de andar, el siguiente paso en la agenda del día era bajar ramas para coleccionar e identificar a los viejos arboles.

    Como de costumbre, alistamos nuestra desjarretadora (la cortadora de ramas) y luego de eso, buscamos la mejor posición para dejarlo caer sobre las ramas mas interesantes, trazamos una ruta para poder izar la tijera hasta nuestro primer objetivo y luego dejarla caer lentamente en las ramas de los individuos aledaños.

    Mi compañero y yo eramos hasta entonces un par de botánicos inexpertos desconcertados en las colinas de Fusagasuga, y aprendiendo de las plantas de estas zonas. Conocíamos de “Pedro Hernandez”, de oídas, como quien escucha la historia de un personaje bastante conocido, pero temido.

    Hasta aquí, el lector ya podría llegar a la conclusión de que no hablamos de una persona; no, se trata de un árbol, hablamos específicamente de la especie: Toxicodendron striatum; una especie de árbol nativo de regiones templadas andinas, correspondientes a las zonas entre los 1000 y los 1800 msnm.

    Luego de cortar y de recibir en sus manos la primera rama, a mi compañero le cayó una pequeña gota hialina de sabia en el dedo pulgar de su mano derecha. No basto mucho tiempo para empezar una reacción agobiante; primero, una ampolla del mismo tamaño de la gota brotó casi instantáneamente, quemando y levantando la piel en una reacción desesperante de escozor. La reacción fue escalando, hasta el punto de causar una rasquiña desesperante.

    Esa misma tarde, y mientras bajamos de nuestra agotadora jornada, estabamos preocupados, porque el brote de ampollas se había desplazado a la espalda de mi compañero, y este se encontraba bailando de la ansiedad y el dolor. Mientras buscábamos desesperados alguna respuesta para aquella reacción, revisábamos las muestras vegetales colectadas, y dentro de ellas se encontraba aquel primer individuo, quemándose a si mismo con su sabia caustica, hasta quedar oscuro.


    Conocimos en infortunio a este árbol, pero en la noche de ese mismo día, un campesino de la vereda donde acampamos, reconoció la espeluznante reacción, y acudió prontamente a recolectar su remedio. No cabíamos de la sorpresa, cuando este hombre llego hacía nosotros, cargando un puñado de ramas conocidas, mientras exclamaba: “Acá les traigo el contra”. En su mano había traído consigo hojas y frutos del Cucharo, otro habitante del bosque con carácter mas noble que el Pedro. Myrsine guianensis & Myrsine coriaceae, son dos especies similares y nombradas de igual forma en diferentes regiones de Colombia, por su uso en la industria artesanal de cucharas y cucharones.

    Esa noche mi compañero, agobiado por la alergia, recibió con ilusión el remedio de nuestro anfitrión. Bañándose minuciosamente mientras aplicaba puñados de hojas maceradas sobre sus ampollas y quemaduras, logró detener la reacción alérgica, y pudo dormir tranquilo.

    Después de esta experiencia, y cada vez que veo a otro Cucharo, no dejo de recordar la angustia de mi amigo y de la sabiduría del campo, con admiración y respeto hacía estos seres ocultos y desapercibidos, que logran lastimarnos en su quietud, y sanarnos con inocencia.

    Me alegra saber que en la Reserva Botánica Choachi abundan los contras, abundan los Cucharos y no hay Pedro Hernandez. 

    Nicolas Vargas

    Nicolas Vargas- Biólogo, botánico y ecólogo, residente creativo de la Reserva Botánica Choachí. Viverista investigador, restaurador de hogares para habitantes silvestres, fabricante de fermentos y destilados, cultivador de setas, ungüentario, “sonsonetero del habla, querendon de las maticas, cerrero como una cabra”. Twitter: @JumentoVirola

  • Aprendiendo sobre las tres familias más numerosas de plantas

    Aprendiendo sobre las tres familias más numerosas de plantas

    Aprender botánica en el continente más verde del planeta debería ser un pre requisito para todos los que vivimos aquí pero los botánicos a veces complican las cosas.


    Cuándo empecé a aprender botánica, me costaba mucho trabajo recordar el nombre de las familias. Son 450 familias de plantas con flores, lo que se llaman angiospermas. Y son 350,000 especies dentro de esas familias, de las cuales se calcula que en Colombia hay 53,000, lo cual nos hace un país inmensamente rico. 

    Empecé aprendiendome las tres más numerosas que son Orchidaceae, Asteraceae y Fabaceae o leguminosas.  Entre las tres representan 70,000 de las 350,000 especies.

    Las asteraceaes, por Aster, estrella, siempre tienen una forma radial. Cuando uno las ve piensa que son una flor única. Por ejemplo cuando uno ve una dalia o un girasol  o una margarita o la flor del diente de león, habla de una sola flor. Pero en realidad son muchas flores, lo que uno está viendo es una inflorescencia.

    Con ese desafío de asombrarse y asombrar, de dejar salir ese niño que llevo dentro, encuentro en las plantas un recurso casi infinito!